"La
caída de Allende. Anatomía de un Golpe de Estado"
Este
libro no es una novela aún cuando describe tortuosos y sofisticados
complots a largo plazo y tenebrosas maquinaciones de quienes, según
Erich Fromm, le "tienen miedo a la libertad", y sórdidos
sueños y proyectos de dominación mundial propios de novelas
de política-ficción. No es más que un pálido
reflejo de la realidad del mundo de las dictaduras militares latinoamericanas,
en general, y de la chilena en particular. Su credibilidad podría
resultar difícil porque siempre la monstruosidad de lo real, de
la esquizofrenia social en algunos lugares y momentos, supera la fantasía.
Y así es la realidad social de los países dominados por
dictaduras militares y por clases sociales nuevas y hegemónicas
basadas en la Doctrina de la Seguridad Nacional y en los totalitarios
principios del llamado "neo-liberalismo" económico.
Los hechos narrados aquí se prueban por sí solos, o indico
las fuentes que los prueban. Analizo teorías y doctrinas que justificaron
prácticas reaccionarias en la Alemania nazi y que, mediante procesos
de transmutación, hoy rigen los destinos de Argentina, Brasil,
Guatemala, Chile, Uruguay, Paraguay y Turquía, y que, mañana,
si el movimiento popular francés no encuentra las tácticas
correctas frente a la defensa del Poder y frente a los militares, pueden
regir en Francia.
Y la doctrina a la que me refiero, tiene ya su práctica en los
países que he mencionado. Nada nació hoy. Todo tiene su
origen en el pasado. Y todos los fenómenos reaccionarios tienen
la misma textura. Las teorías nazis no han muerto. El Holocausto
no ha terminado. Escribo sobre el proceso reaccionario chileno hasta imponer
la dictadura militar porque lo vivimos en carne propia, lo conocemos.
Todos debemos dar nuestro testimonio y analizar y exponer las teorías
y los hechos que jugaron un rol en el llamado "caso Chile".
Este es mi testimonio, ésta es mi experiencia, éstas fueron
mis ilusiones, y éste fue mi trabajo. Durante los mil días
del gobierno constitucional, democrático y legal de la Unidad Popular
presidido por el Dr. Salvador Allende, me desempeñé como
asesor jurídico para la Defensa de la Seguridad del Estado en las
provincias de Valparaíso y Aconcagua, como fiscal de la Corporación
de Desarrollo de Valparaíso y Aconcagua, como presidente de la
"Sociedad Industria y Maquinaria Médica Valparaíso
Ltda..", abogado de CODELCO en Valparaíso y de diversas empresas
del área social de la producción. En estas funciones trabajé
con almirantes, con altos funcionarios de la Marina chilena, del Ejército
y de otras ramas de las Fuerzas Armadas, así como con hombres de
los llamados Servicios de Inteligencia y de la Policía Política.
Resolví las situaciones jurídico- procesales de más
de cinco mil sediciosos, terroristas, saboteadores, mercaderes ilegales
y traficantes del mercado negro. Afronté quinientas noventa y nueve
denuncias por infracción a la Ley de Control de Armas y numerosas
por contrabando y desabastecimiento hacia Mendoza, Salta, Santa Cruz y
Tacna. Ordené requisar armamentos y explosivos, recibí informaciones
de funcionarios chilenos y extranjeros, detectamos las reuniones conspirativas
del almirante José T. Merino, y la del 5 de septiembre de 1973,
en la Escuela Naval, en la que se constituyó la Junta Militar.
Al amanecer del 6.9.73, me enfrenté en nombre del gobierno con
los
primeros marinos sublevados en Valparaíso. En mi trabajo pude constatar
la acción de las dos agencias de inteligencia que actúan
a nivel internacional y que operaban en Valparaíso. En noviembre
de 1972 recibí una confidencia relativa a que la situación
de Chile, cuando viniera un nuevo "paro patronal", desembocaría
simplemente en un golpe militar. La profesión de abogado no se
limita, a veces, a la fría letra de la ley cuando se ejercen funciones
de Asesor Jurídico de un gobierno como el de la Unidad Popular.
El trabajo de defender una causa revolucionaria es apasionante. Y exige
analizar los hechos.
En diciembre de 1972, observamos con el Prefecto de Investigaciones de
Valparaíso, Juan Bustos, las contestaciones que nos daban los terroristas
detenidos in in. Un grupo decía: "Las Fuerzas Armadas se dividirán
y en una guerra civil los derrotaremos". Otro grupo decía:
"Arrasaremos con uds., barreremos con todos uds, están perdidos".
Analizados los datos establecimos: a) el primer grupo era simplemente
de civiles; b) el segundo grupo estaba formado por tenientes, sub-tenientes
y ex - cadetes de las Fuerzas Armadas. Y a través de estos febriles
meses fue evidente que existían dos tácticas contrarrevolucionarias
insurreccionales diferentes: a) la táctica de los civiles: la guerra
civil y b) la táctica de los militares: la masacre civil. El gobierno
de Salvador Allende, el gobierno de la Unidad Popular, era imbatible legalmente
pues actuaba identificando su táctica defensiva, su táctica
antiinsurreccional con el respeto, la defensa y la vigilancia del estado
de derecho.
Y dentro del marco sangriento de una auténtica guerra civil, en
el supuesto de haber existido realmente militares "leales" o
de haberse producido -por el peso de la conducción revolucionaria
del movimiento popular- una guerra civil y una división de las
Fuerzas Armadas, también era imbatible el movimiento popular. No
lo digo yo, lo dijo el Latinoamerican Desk del Pentágono en su
informe "Chile en Octubre". Es por esto que Allende exigió
al aparato de defensa jurídico del Estado el más fiel acatamiento
a las leyes. Incurren en un error quiénes ingenua y complacientemente
aceptaron como real la falsa imputación, según la cual,
el gobierno de Allende se habría servido de "resquicios"
legales para gobernar e imponer el área social de la producción.
Fue el ordenamiento legal, las leyes vigentes, lo que permitieron el cambio
de la estructura económica. Esto lo analizo en relación
al vacío legal frente a las nuevas relaciones de producción
que nacieron en el Chile de la Unidad Popular.
Allende y la Unidad Popular tenían claro lo que significaba, desde
el punto de vista de la reacción, Valparaíso, y de ahí
que se designara un asesor jurídico específico. Designación
que cayó en mi persona. De mi trabajo debía informar al
Presidente; a Daniel Vergara, sub-secretario del Ministerio del Interior;
a Sergio Politoff, abogado jefe del Departamento Jurídico del referido
ministerio; a Osvaldo Puccio, secretario privado de Salvador Allende;
y, posteriormente, a Orlando Letelier, cuando del ministerio del Interior
pasó al de Defensa. A partir de junio de 1973 informé también
a los partidos Comunista y Socialista. Yo no era un militante de partido;
era amigo personal de Allende, a quien conocí en mi ciudad en 1932.
Fui comunista unos veinticinco años; expulsado en 1965 por razones
que no son del caso, no ingresé a ningún otro partido. Los
cargos que desempeñé estaban dentro de los que al presidente
le correspondía designar.
La táctica general antiinsurreccional de los partidos de la Unidad
Popular estaba contenida en una consigna: ¡NO A LA GUERRA CIVIL!
Como el defender a un gobierno popular es cuestión táctica,
estimé que así como la contrarrevolución tenía
dos tácticas, el gobierno y los partidos de la Unidad Popular debían
tener también dos tácticas. No siendo yo militante de partido
alguno, sino, simple funcionario de gobierno, era justo que no se me informara
de la táctica de los partidos citados.
La contrarrevolución civil - asesorada y económicamente
financiada desde el exterior- provocó el caos económico,
el desabastecimiento, el mercado negro, el tráfico de mercaderías
hacia los países vecinos, los paros, las huelgas "patronales"
de camioneros, transportistas, profesionales. Y desataron la "guerra
psicológica", principal arma con la cual nos vencieron anímicamente
y desestabilizaron el gobierno de Allende.
La contrarrevolución tuvo también una cara militar. Esta
empezó a actuar desde el 4.11.70. Y cuando Allende resolvió
aceptar las exigencias de los opositores civiles, los altos mandos precipitaron
el golpe militar y lo aniquilaron en forma infame. Dieron muerte a miles
de chilenos encarcelaron a unos quinientos mil en cincuenta y dos centros
de concentración , en regimientos, barcos como "La Esmeralda",
el "Lebu" y el "Maipo", en Valparaíso. Obligaron
a emigrar y expulsaron a un millón de chilenos y mantienen una
política neo-liberal a costa de mas de cientos de miles de cesantes.
Tanta violencia y sangre eran necesarias para mantener el poder hegemónico
de una nueva clase o capa burguesa: el capital financiero, el capital
fiduciario, improductivo y que ha desplazado a la burguesía industrial
y a la oligarquía agraria. Esto todo dentro del modelo de la Escuela
de Chicago, el plan Milton Friedman y otros.
Este es un testimonio de cómo los oficiales chilenos entrenados
y condicionados por la teoría y la práctica de la Doctrina
de la Seguridad Nacional cometieron el genocidio en contra de su propia
nación. Y es, también, el testimonio sobre un nuevo Holocausto
en América Latina. No me refiero solamente a los miles de obreros,
empleados, intelectuales, sacerdotes, profesionales asesinados en toda
América Central y del Sur, sino también a la matanza masiva
y sistemática de indígenas latinoamericanos en la riquísima
zona de Santa Cruz y otras en Bolivia. En la Cordillera de Nahuelbuta
en Chile, donde el "Presidente" Pinochet dio la concesión
de la explotación de yacimientos de titanio, tantalio, zirconio,
plata y oro a los nazis de Colonia Dignidad. Y cómo se está
cumpliendo el plan nazi contra el mundo civilizado. Se trata no sólo
de Adolf Eichmann, sino también de los hechos actuales de Walter
Rauff, del Dr. Josef Mengele, Klaus Altman Barbie, "El Carnicero
de Lyon" y de Joachim Herrmann, estos dos últimos pro-hombres
de las recientes dictaduras militares bolivianas. Se trata de extrañas
vinculaciones en América Latina con el consecuente traslado masivo
de arios al Cono Sur del continente. El continente del futuro. Lugar de
refugio y renacimiento nazi. Escribo sobre lo que ocurrió, está
ocurriendo y ocurrirá. Fatalmente ocurrirá. Y todo está
documentado. Escribo en presente, pasado y futuro, en primera, segunda
y tercera persona del singular y el plural. Porque así es la forma
en que la vida discurre. Algunos preguntarán: ¿por qué
esta miscelánea? ¿por qué escribir sobre el partido
Nazi, su ascenso al poder, sus teorías seudo científicas,
sus procedimientos y organizaciones de seguridad interior? ¿por
qué escribir sobre la "guerra fría" y el panamericanismo?
¿y sobre la "coexistencia pacífica" y la "distensión"?¿y
sobre la "guerra total" y el "enemigo interno"?
Porque todo esto es parte aislada de hechos que unidos al gobierno y a
las realizaciones de la Unidad Popular en Chile, y a las dos tácticas
de la contrarrevolución interna y externa forman un mosaico. Son
partes de un solo todo. Porque la "vía pacífica"
no ha sido derrotada. Podemos haber fallado los hombres y las instituciones;
tal vez no supimos actuar conforme a lo que exigían las cambiantes
condiciones de un mundo tan cambiante como es el de un gobierno popular.
Porque Chile real es campo de experimentación para la Doctrina
de la Seguridad Nacional y el mundo del neo-liberalismo. Como dicen ellos:
"Chile es la vitrina del mundo occidental y cristiano". Y porque,
guardando las debidas proporciones, la Francia de Miterrand inicia un
camino popular que tiene cierta semejanza con el chileno. Y porque el
"caso Chile" no está cerrado.
Indudablemente hay personas más idóneas que yo para escribir
sobre este tema; pero estas páginas tienen el valor de un testimonio
vivido. Y creo que todo chileno debe analizar su propia experiencia diaria
durante los mil días del gobierno de Salvador Allende. Nadie, absolutamente
nadie, tiene el patrimonio o el monopoli de la verdad. Si alguien, o algún
partido lo hubiera tenido, no viviríamos ahora la experiencia del
exilio, del dolor, de la muerte, de la cesantía, de una "guerra
total" en contra del pueblo de Chile. Hoy en Latinoamérica
la expresión "ario" se reemplazó por "militar".
Es el "nuevo orden" de la Doctrina de la Seguridad Nacional.
Este libro es el producto de la colaboración de muchas personas.
Conocidos desconocidos. De gente que aún vive en Chile. Es un homenaje
a los torturados - hombres y mujeres- de La Esmeralda, en el camarote
de los Señores Guardiamarinas, Alcázar de Proa, y en otras
reparticiones. A mis compañeros de la Isla Dawson - COMPINGIM y
Río Chico. Y a los "ecos" de Punta Arenas, de las barracas
Alfa, Bravo, Charlie y Remo. A mis compañeros y vecinos de los
Campos de Concentración de Puchuncaví, Ritoque, Tres Álamos,
a los Procuradores de mi estudio de abogado, con quienes estuve en un
calabozo subterráneo de la Policía Internacional. Y es un
testimonio de gratitud para quienes hicieron posible mi libertad: mis
hijos e hijas, mi familia, Itzac Rabin, Shimon Pérez e Igal Alón,
como dirigentes del gobierno del Maaraj en Israel; al Comité Israelí
de Solidaridad con el Pueblo de Chile, presidido por Aba Eban; a los compañeros
del Partido Laborista y del Partido Obrero Unificado (MAPAM), al Kibutz
Arzí, en especial a los kibutzim Megido y Mishmar Haemeq; a Moshé
Tov y Bejamín Orón de la Embajada de Israel en Chile; a
mi amigo Pesaj Zaskin; al Dr. León Péres, que fue el primero
que elevó en Jerusalem su voz en contra del golpe de estado; y
a la solidaridad internacional.
Este libro se basa en mi experiencia, y en la de los abogados del Aparato
de Seguridad del Estado en el Ministerio del Interior. A largas conversaciones
allá, debajo de la Cruz del Sur con José Tohá, Orlando
Letelier, Osvaldo Puccio, Jaime Concha y Daniel Vergara, jefe, amigo y
ser humano excepcional. A conversaciones con todos los compañeros
"jerarcas" de mi barraca. Con "prisioneros de guerra"
en otros campos de concentración. A observaciones directas. A conversaciones
sostenidas durante más de un año en España, Bélgica,
Holanda, Alemania, Francia, Italia y Suiza. A la consulta de cientos de
documentos y libros. A mis notas personales ocultas. Y en especial, al
Centro de Estudios y Documentación Chile-América de Roma.
Y es un homenaje a los que siguen viviendo y luchando en el Chile real
de hoy día. A todos los que amé allá. En ese Chile
que ya no es el mismo porque su dureza es increíble, bajo la bota
de un Ejército de Ocupación. Los que estamos afuera es poco
lo que sabemos del Chile de hoy. Pero sí podemos dar nuestro testimonio
de cómo se gestó el proceso que produjo el golpe del 11
de septiembre de 1973. Un Golpe de Estado de la Doctrina de la Seguridad
Nacional, que ha impuesto un Estado Militar con una "regimentación"
castrense de todo el país y un sistema económico conforme
al modelo neo-liberal. Y es también un testimonio en contra de
todos aquellos que vistiendo uniforme y jurando "respetar la Constitución,
las leyes y las autoridades de la República", entre las sombras,
sobre seguro, traicionaron la fe pública que en ellos había
depositado el pueblo de Chile, faltando así a su historia y a sus
tradiciones de civilidad, de dignidad, de hombría y de coraje.
Luis Vega C.
Tel Aviv, septiembre de 1983